Blue Flower

La religión es la finitud que pretende explicar el infinito. Una religión paralizada es una religión muerta.

Expresión del Antiguo Testamento en la síntesis actualizada de los diez preceptos:
Primero: Ama a Dios en el prójimo
Segundo: La verdad no necesita juramento, te necesita a ti.
Tercero: Santifica cada día porque puede ser el último.
Cuarto: Honra a tus creadores como al Creador mismo
Quinto: La vida es lo único que merece ser vivido ¡Vívela y la muerte no existirá!
Sexto: Ama en Cristo y haz lo que quieras
Séptimo: Roba el que puede y no el que quiere, tú, aunque puedas, no quieras
Octavo: La palabra es bella cuando se combina con el silencio, si dudas, calla.
Noveno: Cambia el deseo por la esperanza y convertirás el pecado en virtud
Décimo: La codicia roba la felicidad de quien la siente.

Expresión del Nuevo Testa mento en la síntesis de la meditación cristiana:
Padre nuestro y creador del universo, Tú que eres el Ser, muéstrame el camino donde tu voluntad se haga presente en el trascurso de nuestras vidas. El pan nuestro de cada día, con nuestro trabajo, dánosle hoy. No permitas que caiga en el sueño de la ignorancia, antes bien, despiértame para que sepa hacer el bien, amando y perdonando a nuestro prójimo como Jesús nos enseñó, así su reino se revelará en nuestro mundo; mas no nos dejes caer en tentación librándonos del mal. Así sea.

Rezar no es repetir lo dicho, que también, sino a través de lo conocido y encarnándolo, hacerlo nuevo. La Buena Nueva (Evangelio), ha de guardar el Espíritu que al ser eterno precisa de nuevas palabras para ser actualizado en cada creyente y en cada tiempo y lugar.

La primera pincelada del cuadro que pretendemos pintar la da el evangelista Lucas en el libro de los Hechos de los Apóstoles (libro que en un principio formaba parte de su Evangelio): “Al llegar el día de Pentecostés… quedaron todos llenos del Espíritu Santo” (Hch 2, 1-4).
Esta experiencia que cambia la visión de la vida que tenían los apóstoles, le lleva a Lucas a la siguiente conclusión: -Esta vivencia la debió de tener María, ya que ella fue la primera que tuvo en sus entrañas a Cristo-.
La meditación de esta nueva verdad nos revela una segunda pincelada en la evolución del cuadro de la Navidad: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra” (Lc 1,35).
Aquella vivencia de Pentecostés, Lucas la retrotrae a María (que también está con ellos), y añade al Evangelio que ya circulaba entre las primeras comunidades cristianas, dos capítulos que reseñan, entre otras experiencias, el descubrimiento de una verdad que tuvo que comenzar en la primera cristiana de la historia: María (símbolo de la nueva humanidad).
Siglos después, uno de los intelectuales más reconocidos de la historia , Benedicto XVI, en su Exhortación Apostólica Verbum domini (27) nos dice: “Así pues todo lo que le sucedió a María puede sucedernos ahora a cualquiera de nosotros en la escucha de la Palabra y en la celebración de los sacramentos”.
Aquella singularidad de la historia, debe seguir realizándose en todos los que creen posible que la humanidad evoluciona desde un alfa hasta un omega (Teilhard de Chardin).
Esta tercera pincelada nos conduce hasta el momento presente, donde siguiendo esta evolución, cada uno ha de retocar el cuadro que estamos pintando, con una cuarta pincelada que nos permita asomarnos al misterio de la Navidad.
Y para todos mis alumnos y seguidores de estas meditaciones sirva como evolución de este cuadro navideño, mi personal intervención, con una cuarta pincelada que ha de ser ultimada con la de cada persona de buena voluntad que cree posible seguir evolucionando y trascendiendo nuestro mundo.
Elevo mi pincel de creyente para desear a todos los que leen estas reflexiones:
Que la eternidad de Dios nos cubra con su sombra, como aconteció a María, para que en nuestro tiempo, y con nuestro ejemplo, vayamos dando a luz al Cristo que llevamos dentro. Así podremos decir desde el corazón renovado de una nueva humanidad: Feliz Navidad.

Quizás algún lector recuerde, como algo del pasado, eso del adviento. Sin retórica alguna diremos que, eclesialmente hablando, es el principio del año, que nos acerca al comienzo de todo ser humano: el nacimiento.
Tal festividad reclama una nueva visión para aquél, que siendo creyente (nadie puede dejar de creer, siendo humano, al margen de cuál sea su creencia), vive esta experiencia.
Desde la religión católica, es decir, universal, y según nuestra tradición, la singularidad de cada nuevo nacimiento, viene reflejada por aquel nacimiento acaecido hace XXI siglos en Israel.
Igual que en el bautismo el padrino sostiene el cirio encendido, en estos tiempos de adviento, cada semana encendemos una vela que “alumbra” el nuevo nacimiento. El creyente va encendiendo las cuatro velas en el adviento, para meditar el asombroso milagro de estar en este mundo deseando reformarlo a base de amor y perdón.
Fuera de esta verdad interior que nos eleva hacia un más allá, para trabajar por un cambio, que siendo de este mundo, como dijo Jesús, todavía no lo es, en el exterior, se imita esta nueva visión, encendiendo, asimismo, luces, pero no como principio o comienzo de esta visión de la nueva humanidad, sino como final del año en curso. Así donde unos comienzan, otros acaban.
Nada nuevo, en semana santa también donde unos celebran la vida a través de todos los santos, otros celebran la muerte a través del Halloween. En el fondo aunque algunos desean evitar estas fiestas, ante su imposibilidad, lo que pretende es transformarlas para olvidar su procedencia católica.
A partir de estas semanas de adviento, escucharemos en televisión a gente que reitera constantemente lo odiosas que son estas fiestas y las ganas que tienen de que acaben. Pues bien, con esta reflexión deseo recordar que estamos en unas fechas donde todo puede ocurrir, pues el motivo del que emanan es el amor. Y a pesar de que existen personas que reniegan de él, existen, existimos otras que seguimos creyendo y esperando (con el adviento) que un cambio, es decir, un nuevo nacimiento (la eternidad de Cristo trasciende el tiempo), siempre es posible para quienes celebramos la vivencia de la eternidad desde el tiempo. Personalmente, en lugar de desear que acaben, espero que algún día llenen todo el año del calendario.

Murphy, con su ley, llegó a la siguiente conclusión: si puede ocurrir, ocurrirá. Pero su teoría fue enmarcada en el pesimismo: “Si algo puede salir mal, saldrá mal”
Esta ley debiera ser el mayor antídoto para los cristianos pesimistas. Y ello teniendo en cuenta que cristianismo y pesimismo se contradicen ¿Cómo puede ser un cristiano pesimista si se confiesa hijo de Dios y heredero de la máxima felicidad tanto aquí como en el más allá? Por sus obras los conoceréis… pues hemos de reconocer que a juzgar por la cara de muchos cristianos es difícil tal reconocimiento ¿Por qué, tanto al entrar como al salir de misa, parece que han, que hemos, acudido a un funeral?
Igual que es imposible soplar y absorber a la vez, es imposible ser cristiano y pesimista. Ahora bien, la realidad nos muestra todo lo contrario. Y es desde esta paradoja desde la que desearíamos hacer reflexionar al creyente pesimista, precisamente ahora en el momento en el que estamos viviendo tiempos difíciles en el suelo patrio. Si según la ley de Murphy aquello que puede ocurrir, ocurrirá. Pensemos en positivo. Hagamos que la ley funcione a nuestro favor ¿Cómo?
El cristiano pesimista, es decir, el de boquilla, el que, como dice Job, conoce a Dios sólo de oídas (42,5), pero no por vivencia personal, puede, asimismo, partiendo de su realidad, darle la vuelta a su pesimismo. Si la ley de Murphy, se da, y en la historia de la humanidad, a partir de Cristo, muchas personas han podido pensar, aunque no se lo hayan creído, que el relato evangélico es, o puede ser verdad; finalmente, esta utopía, se hará realidad en aquel que se la crea, de no ser así, la ley de Murphy tampoco sería auténtica.
Desde la primera página bíblica se nos pide creer, para crear. Y ahora no hablamos de utopías. La mente que cree en el mal, genera mal y no porque lo diga Murphy, sino porque ya estaba dicho hace miles de años. Apliquemos esta verdad a nuestra vida y vivamos para hacer el bien (Amor en hebreo) y nos sentiremos optimistas.
El mundo es, para cada cual, conforme cada uno lo ve. La vecina/o, por ejemplo, no es mala. Nosotros, quizás, veamos la maldad de la vecina y no su bondad ¿Por qué? Porque la maldad está en nuestra mente y la reflejamos en el otro/a. Jesús dirá que vemos la paja en el ojo ajeno, pero para ello es preciso tener metida la viga en el nuestro (Mt 7,4).
Es imposible reconocer la maldad si no la llevamos dentro. Igual ocurre con la bondad. Por tanto, y volviendo a Murphy, hagamos que nuestra mente vea el mundo de forma distinta y el mundo cambiará para nosotros. Jesús no vino a cambiar el mundo, vino a cambiar al ser humano… para que él cambie su mundo.
Desde esta visión de la relación humana, podemos entender que Jesús diga que es posible amar a los enemigos. De hecho, el otro/a nos odiará, pero nosotros le amaremos pues al desaparecer la viga que nos impedía ver, es decir, la ceguera, el prójimo pasará de ser nuestro enemigo, a un ser digno de compasión, si es que realmente vive para la maldad.
Como dice, en este caso, la ley de Campoamor: “Nada es verdad ni mentira, todo es según el color del cristal con que se mira” Comencemos a cambiar nuestra forma de pensar, dejemos atrás (crucifiquemos) lo que creemos ser y nos impide ver lo que realmente somos. Nuestra mente, como dice Jorge Volpi en su libro “Leer la mente”, no está hecha tanto para recordar, cuanto para prever el futuro, en cristiano, para generar esperanza. Despertando a esta realidad, es imposible ser pesimista a pesar de las vicisitudes que nos encontremos en nuestro devenir…y de lo que nos diga tanto Murphy como Campoamor. Eso sí, como nos avisa el Evangelio, hemos de estar vigilantes (Mc 14,33) porque es fácil caer nuevamente en la ensoñación de nuestra mente; y es desde esta ensoñación, desde la que los autores citados tienen razón.
Generemos pensamientos positivos y seguro que, aun a pesar de los problemas, y de la zozobra que estamos atravesando, nos irá mejor.

Si política es el arte de lo posible y religión de lo imposible, aunque esta página está hecha para hablar de lo que está más allá de lo posible, dado que en política están sucediendo cosas que parecían imposibles, permítame el lector unas letras sobre lo que nos está sucediendo.

Confieso mi ignorancia sobre los fines políticos de los partidos, a la hora de apoyar, silenciar o diferir los lamentables hechos que vemos día a día en televisión y que, la mayoría de los catalanes, y por tanto los españoles, están soportando. Dicho lo cual, se me ocurre un ejemplo para poder situarme en la decisión que debo tomar ante estos sucesos: Al igual que toda comunidad, yo también tengo la mía; me refiero a la comunidad de propietarios donde vivo. Cierto que esta comunidad no es España, pero seguro que el lector comprende lo que quiero decir, si acierto a explicarme.

El vecino del bajo se ha declarado en rebelión contra la comunidad porque no está dispuesto a seguir pagando el ascensor. Nosotros (la comunidad) le respondemos que se atenga a los estatutos. Ante esta rebelión, el vecino del quinto se ha unido al rebelde y argumenta que para que le llegue el agua caliente, precisa tener el grifo abierto, desperdiciando y pangando agua que no consume. Los dos unidos, han roto el ascensor para que comprendamos lo que ellos llaman, nobles propósitos. La comunidad les ha presentado los estatutos que ellos han firmado y, por tanto, aceptado.

¿Qué hemos de hacer ante esta situación? El vecino del cuarto pide diálogo, dado que el taconeo constante a altas horas de la noche, del vecino del quinto, le está haciendo la vida imposible. Los vecinos del tercero y del segundo por estar en medio del problema, unas veces defienden a unos y las más a los otros (la comunidad). El del primero a ciencia cierta, no sabemos qué piensa.

Pues en esas estábamos. Yo me imagino que si esto ocurriera en todas las comunidades, volveríamos a la edad de piedra. La ley, sea de la comunidad o de la nación está hecha para ser cumplida. Y si no nos gusta, pues toda la comunidad (¡toda!, no los rebeldes), podemos, democráticamente, cambiarla. Denunciados los hechos, el del quinto y el del bajo, comenzaron a pagar con los correspondientes intereses, los recibos aplazados.

¿Qué impide a la comunidad española, hacer pagar los daños y perjuicios que están ocasionando los autores de tanto vandalismo en Cataluña? En definitiva, nosotros hemos solucionado el tema comunitario, gracias a que el presidente ha reconducido este atropello ¿Cómo?

Olvidaba decir que ambos sublevados dejaron de pagar hace tiempo. Resultado: el presidente volvió a denunciarlos, hemos hipotecado sus viviendas, se han vendido los inmuebles para cobrar los impagados y ambos vecinos han tenido que abandonar nuestra comunidad.

Ahora resulta que el del primero, callaba porque los tubos de la calefacción de todos los pisos superiores pasaban por su vivienda y pretendía (tras observar los resultados de los sublevados), unirse a ellos y dejar de pagar la calefacción ¿Para qué, si la tenía gratis? Sin embargo, ahora nos saluda a todos muy amablemente y se guarda opiniones en contra, al ver los sucedido.

Si la comunidad española es de todos, no entiendo lo que está sucediendo ¿Y Vd. querido lector? ¿Pueden más los estatutos de una comunidad que la Constitución? La duda me embarga.¿Habríamos encontrado solución con otro presidente? Me refiero a mi comunidad.