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La caridad es la más hermosa de las virtudes teologales; dejémosla brillar por encima de nuestras pequeñeces para que se torne contemplativa. La belleza de un paisaje gallego o asturiano tiene infinitos matices, pero hay que dejarse impregnar de ellos para que llegue la contemplación.
Contemplar es fundirse en el motivo de la contemplación hasta que el contemplador y lo contemplado son uno: así funde el amor cristiano. (Hoy la física cuántica se expresa con estos conceptos teológicos). Con Cristo y en Cristo, nacemos, vivimos, morimos y resucitamos. En Él, estamos todos. Con palabras de Pablo: “y no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí” (Gal 2,20). Todos en Cristo y Cristo en el Padre: “Pues fiel es Dios, por quien habéis sido llamados a la comunión con su hijo Jesucristo, Señor nuestro” (1Cor 1,9) ¿Hay fusión más grande? De ahí que debamos preguntarnos cada día por los instantes vividos en los que no hemos amado. Es peor dejar de amar, que amar equivocadamente.
Si el Amor es Dios, no le encerremos en nuestro corazón ¡Cuánto egoísmo hay en el amor encarcelado! La prisión no está hecha para el amor, genera celos y lo mata. El amor es libre y lo que toca (caricia), con cariño, es decir, con caridad, queda sublimado. Jesús fue tocado por la hemorroisa y lejos de contaminarse con su impureza menstrual (según la creencia de aquella época), es Él quien contamina con su amor a la enferma y queda curada al instante “¿Quién me ha tocado?” La gente le apretuja, Pedro no comprende que en esta situación pregunte quién le toca (Lc 8,43-48).
El amor se siente en la distancia, la caricia siempre llega, aunque sea a través de la orla del manto (Lc 8,44). Y el amor cuando llega, salva. Nuevamente oímos decir a Jesús: “Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz” (Lc 8 48). La fe y la caridad que anidan en el corazón del ser humano, despiertan a la esperanza, pues conducen a esperar cada día lo totalmente distinto, la novedad, la buena nueva (Evangelio). Por ello son las tres virtudes teologales que desde el Génesis, brotan del corazón del ser humano y nos acercan a Dios… a través del prójimo.