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Parece ser que fue el mitólogo y orientalista alemán Max Müler (1823-1900), quien dijo la frase: “quien solo conoce una religión, no conoce ninguna”. Creo que la frase merece estudiarse. Conocer la religión de la sociedad a la que uno pertenece, es necesario, si pretendemos tener una cultura acorde a cada momento histórico. Ese conocimiento nos puede llevar a creer o no creer en las verdades trascendentes que pretende revelar cada concreta religión.
Lo lamentable de los tiempos que estamos viviendo, es que debido a la no creencia de las verdades llamadas trascendentales, se pretende cercenar el conocimiento de las religiones, con la incultura que ello conlleva.
Max Müller, estimo, nos revela como mitólogo, que la verdad de la religión, supera a la misma, pues, condición previa de lo trascendente, es superar lo inmanente. Tal es así, que cada cultura trata de captar este rumoreo de lo infinito que anida en el ser humano, a través de la religión. Y es aquí donde podemos afirmar que a mayor conocimiento de la historia de las religiones, mayor certeza tiene el ser humano de que algo debe existir más allá de lo que vemos o tocamos, pues este rumoreo de lo infinito se capta en todas las sociedades, aunque sea presentado y diferenciado, como es lógico, con los parámetros propios de cada cultura imperante.
Las religiones son las ramas del árbol que pretenden revelar la raíz. Su fundamento, por oculto, se revela en cada brazo de forma distinta (depende del sol, del viento, o del agua que recibe), y es, precisamente, esta diferencia, la que nos conduce a intuir que existe la raíz. Por tanto, a mayor conocimiento de ramas (religiones), mayor certeza de que debe existir un fundamento o raíz (trascendencia).