Blue Flower

Semana Santa, días de meditación, reposo y vacaciones. Todos nos deseamos Felices Pascuas, aún sin saber su significado; a veces nos deseamos Felices Pascuas en tiempo de Navidad que no es la celebración de un importante “paso” sino la celebración de la singularidad de un nacimiento.
Semana Santa, días de “visita” a museos al aire libre, donde se pasean en procesión las más bellas obras de arte religiosas. Días donde aumentan exponencialmente las ventas de flores, torrijas y plazas hoteleras.
Semana Santa, días donde las bandas de música interpretan y muestran al público tantas y tantas horas de ensayo, tan solo equiparadas a las horas dedicadas por las hermandades y los costaleros que han de transportar y bailar las imágenes a su paso por las calles de las ciudades de España.
Semana Santa, tradición, religión y turismo. Sin embargo, emoción a flor de piel cuando la música enmudece, los tambores bajan los redobles, el paso se aquieta y brota la saeta de la garganta del creyente que reza con una canción que es un grito de dolor que nos eleva hasta el Gólgota de nuestras emociones más ocultas.
Pero sobre todo, la Semana Santa es el fiel recordatorio que tras el duelo y penitencia por tantos días dedicados a la carne, al carnaval, viene bien un momento de reposo para la materia y un instante de exaltación para el espíritu. Un instante meditativo donde observemos que esta vida es un paso, una procesión, una oración cantada o no, un cúmulo de emociones que nos llevan a otra forma de ser más allá de las marcadas por nuestras experiencias; nos conducen paso a paso hasta la experiencia de Cristo con la resurrección.
Semana Santa, cada cual que la viva de la forma que más feliz pueda ser. En definitiva, estos días son para memorizar en nuestra alma que hemos nacido para ser felices y que la vida, a pesar de los sufrimientos que generamos, incluso con los inocentes (Jesús de Nazaret) que pretenden avisarnos que el mundo puede cambiar, siempre que nosotros cambiemos, culmina con la revelación de la resurrección. Resurrección que puede ser vivida desde la finitud, si alzamos la vista, como el ciego de nacimiento del Evangelio y “vemos” que en el “camino” todo es posible para el ser humano que creyendo, crea.
Ahora la física cuántica, avala esta verdad mística al afirmar que el observador cambia lo observado, es decir, que somos el producto de lo que mentalmente hemos querido ser. Si no nos gusta este mundo, cambiémoslo. Jesús comenzó su Evangelio con la necesidad del cambio en su particular desierto, en su óntica soledad.
La Semana Santa es el mejor tiempo litúrgico y cultual (de culto y de cultura), para aprehender estas verdades eternas que nos conducen a buscar, a preguntar, a renovar nuestra mente, que en constante cambio ha de ir trascendiendo día a día la materia que nos envuelve y que emerge de una fuerza, que como anuncia el Génesis, en el principio era luz, y que ahora la ciencia confirma como fotones de energía.
Semana Santa, misterio hecho tiempo, para poder intuir la resurrección y el cambio que espera (siempre donde habita el ser humano emerge la esperanza) y necesita nuestro mundo. Cambio que llegará el día que por fin estemos dispuestos a cambiar, dado que el mundo que nos rodea no es otra cosa que el fiel reflejo de nuestra mente.
Felices Pascuas de resurrección.