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A veces hemos oído decir que la fe hay que guardarla para la casa y para la eucaristía. Ni una cosa ni otra son posibles. Quien hace tal afirmación desconoce lo que dice. A modo de analogía es como si dijéramos que el amor hay que guardarlo para la intimidad. No es posible dado que quien ama, esté donde esté muestra por cada uno de sus poros el amor que profesa. Por supuesto que hay gente que piensa que el amor es sólo sexo, al igual que hay personas que creen que la fe es igual a la creencia.
Soy de la opinión que la fe es, posiblemente en el ser humano, lo único que realmente imprime carácter. Dejarse guiar por eso que llamamos fe (no nos quedemos en la palabra sino en lo que con ella queremos decir), es trascender el momento en el que vivimos, pues esta impronta que tenemos, simplemente por haber nacido, nos obliga a buscar lo que no existe.
De esta manera el científico haciendo oídos a la fe, llega a creer que es posible crear lo que todavía no existe. De la misma manera el religioso busca, gracias a la fe, la religión en la que pueda expandir toda su creencia.
Los grandes hombres y mujeres de fe reconocida, son aquellos/as que han pretendido en su momento histórico, cambiar lo ya existente. Así tenemos a todos los grandes fundadores de órdenes religiosas que han existido y existirán. Si se hubieran conformado con la tradición, no habrían hecho posible tanto bien como han realizado en sus vidas, gracias a los cambios que llevaron a cabo.
Reflexionando sobre esta verdad, hemos de reconocer que si queremos seguir siendo imágenes del creador, hemos de crear hasta el momento de nuestro paso a la “otra vida” (que ya está en ésta). Poco importa la edad que uno tenga, siempre hay motivos para seguir creando felicidad, amor, perdón, justicia, belleza, etc. Todo aquello que es humano y que por no comprarse o venderse en parte alguna, es realmente lo que imprime carácter.
Y todo aquello que es humano emana, cual manantial, de eso que llamamos fe. La fe es una fuerza, bíblicamente se llama “Ruah”, que procede de Dios y que hizo posible que la materia (barro)  se convirtiera en cuerpo espiritual (ser humano). El ser humano desde su creación, se siente imagen del Creador, y allí donde cree posible lo que no existe, lo crea. ¿Por qué? Porque ha nacido con esa fuerza que llamamos fe y que es en definitiva lo que le hace humano, es decir, lo que imprime carácter y hace de cada persona, un ser irrepetible, pues hasta el momento de iniciar su “paso”, no sabemos lo que cada cual tendrá que crear al saberse imagen de Dios.