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Esta pregunta no es baladí. Y dado que me la formulan con cierta frecuencia, quiero dejar constancia en estas reflexiones de la respuesta que hemos de dar. En primer lugar, resaltar que la misma pregunta podría hacerse de otros personajes y sin embargo, no se formula. ¿Acaso tenemos algún escrito de Sócrates? ¿Duda alguien de su existencia? ¿Por qué interrogamos más a la teología que a la filosofía? ¿Por qué no cuestionamos la existencia de otros personajes, por ejemplo, Buda?
Los interrogantes demuestran al menos, el interés sobre la figura de Jesús de Nazaret. No quiero pensar que exista mala intención en el que así cuestiona la historicidad de Jesús. Pues una de las respuestas que podemos dar es que tenemos referencias del Jesús de la historia en muchos textos. Por ejemplo, los cuatro Evangelios, Hechos de los Apóstoles, cartas de San Pablo, de Santiago, de Pedro, de Juan, textos apócrifos, Patrística, etc. etc.
Soy consciente que la respuesta hasta el momento no satisface la pregunta del enunciado. Quien interroga, posiblemente, si bien en filosofía no desearía saber de la existencia de Sócrates al margen de los anales del pensamiento griego, en teología, y muy especialmente si es cristiana, si pide que sea al margen de textos creyentes; pues bien, la exégesis sí se ha preguntado si existe al margen de los textos cristianos, otros que dejen constancia de tan relevante personaje.
La respuesta podemos concluirla de la siguiente forma:
Flavio Josefo, historiador, militar y diplomático judío del siglo primero de nuestra era, escribió tres textos muy conocidos en el ámbito de la historiografía: “La guerra de los judíos”, “Las Antigüedades judías” y “Contra Apión”.
En la segunda obra citada, es decir, “Antigüedades judías” podemos leer lo siguiente: “Así pues, habiendo pensado esta clase de persona (o sea, un cruel saduceo), Anano, que disponía de una ocasión favorable porque Festo había muerto y Albino estaba aún de camino, convocó una reunión de jueces (sanedrín) y llevó ante él, al hermano de Jesús que es llamado Mesías, de nombre Santiago, y a algunos otros. Los acusó de haber transgredido la Ley y los entregó para que fuesen apedreados” (libro XX).
En este texto, escrito cuando el emperador le otorgó, además de la ciudadanía romana, una pensión vitalicia, observamos que se nombra a Santiago y a Jesús en la época del procurador Festo (aprox, en los años sesenta d.C.). Este procurador es, asimismo, citado por Lucas en el libro de los Hechos de los Apóstoles (24,27). No deja de ser sintomático que Josefo diga de Anano que es un cruel saduceo. Hemos de recordar que Josefo era fariseo y desde la época de Antíoco Epifanes, no se llevaban bien entre ellos (de hecho los fariseos creían en la resurrección y los saduceos, no).
Este texto viene refrendado por otro muy conocido con el nombre de Testimonium: En la reproducción que hago seguidamente he quitado aquellos añadidos que hoy la crítica histórica estima de procedencia cristiana y que explica Meier en su obra sobre el Jesús histórico: “Un judío marginal”: ”En aquel tiempo apareció Jesús, un autor de hechos asombrosos, maestro de gente que recibe con gusto la verdad. Y atrajo a muchos judíos y a muchos de origen griego. Y cuando Pilatos, a causa de una acusación hecha por los hombres principales entre nosotros, lo condenó a la cruz, los que antes lo habían amado no dejaron de hacerlo. Y hasta este mismo día, la tribu de los cristianos, llamado así a causa de él, no ha desaparecido” (libro XVIII).
La obra de Las Antigüedades judías fue escrita en los años 93/94 de nuestra era.
¿Tenemos alguna otra referencia histórica, no cristiana, a la que podamos acudir? La respuesta es afirmativa; en este caso encontramos la referencia en el escritor Tácito. Su obra póstuma es la conocida con el nombre de Annales.
La obra conocida como Annales, fue escrita entre los años 115/117 d.C., en ella relata la vida de los emperadores que sucedieron a César Augusto. Es una pena que en los manuscritos actuales se hayan perdido precisamente aquellos que narran los años 29 al 32. Por tanto, si el treinta fue el de la muerte de Jesús no tenemos referencia a este dato.
No obstante, existe una referencia retrospectiva, donde Tácito habla del incendio de Roma durante el reinado de Nerón.
Nerón, dice Tácito, achacó a los cristianos el incendio de Roma porque la opinión popular sospechaba de él. EL texto al que aludimos dice así:
“Por tanto, para acallar el rumor, Nerón creó chivos expiatorios y sometió a las torturas más refinadas a aquellos que el vulgo llamaba cristianos, (un grupo), odiado por sus abominables crímenes. Su nombre proviene de Cristo, quien, bajo el reinado de Tiberio, fue ejecutado por el procurador Poncio Pilatos. Sofocada momentáneamente, la nociva superstición se extendió de nuevo no sólo en Judea, la tierra que originó este mal, sino también en la ciudad de Roma, donde converge y se cultiva fervientemente prácticas horrendas y vergonzosas de todas clases y de todas partes del mundo” (Annales 15,44:2-3).
Algunos autores han querido indicar que este texto procede del cristianismo, pero es a todas luces impensable que los propios cristianos se autoproclamaran supersticiosos, criminales, malignos, etc. Estos datos, contrariamente, afirman la existencia histórica de Jesús, que queda avalada, según la exégesis actual por el llamado “criterio de rechazo y ejecución”.
Para no hacer más larga esta reflexión nos limitamos a citar a Plinio el Joven, que a principios del siglo II d.C. escribió una carta al emperador Trajano, y de la que entresacamos los siguientes párrafos: “Y que además maldijeran a Cristo… por ello todos veneraron tu imagen y la de los dioses, y maldijeron a Cristo… acostumbran a reunirse al amanecer y cantan un himno a Cristo, casi como si fuera un Dios…“ (Epístola X, XCVI: 5,6.7).
Plinio el Joven, que fue gobernador de la provincia de Bitinia, escribió esta carta donde se cita a Cristo, solicitando al emperador cuál debía ser la forma de tratar a los cristianos y las medidas a tomar contra ellos.
Existen otros testimonios no cristianos, pero dada su posible incertidumbre, conforme a la exégesis actual, no quedan aquí reseñados. Entre otros los del escritor y biógrafo romano, Suetonio o los del filósofo estoico Mara Bar-Serapión.