Blue Flower

El tiempo corre a través de nuestra vida. Suerte de los que llevamos la fe hacia la creencia en el Resucitado. Él nos permite vivir el no tiempo; nos permite descubrir un presente donde la eternidad se revela en un instante carente de principio y de fin. Esta evangélica forma de ver la vida es la que ahora nos descubre la ciencia al afirmar una apasionante teoría: El pasado, el presente y el futuro coexisten en el universo. La nueva teoría del tiempo, desarrollada por Bradford Skow, un profesor de fil osofía del Instituto de Tecnología de Massachusetts, EE.UU., sugiere que el tiempo no avanza, sino más bien, todo el tiempo es siempre presente.
Esta presencia de la Vida es la que trato de reencarnar en el constante fluir de los acontecimientos bíblicos, (que son Palabra de Dios), cada vez que, como creyente, dejo/dejamos que esa Palabra vuelva a ser escuchada (revelada), en el templo de la interioridad.
Desde esta vivencia de Dios en nosotros, es desde la que deseo felicitar el año a todos los seguidores (más de 40.000) de estas reflexiones. Aquellos que han partido hacia la plenitud de la eternidad en el pasado año, seguro que rezan por nosotros a fin de que sepamos encontrar la felicidad que ellos ya están viviendo. En estas fechas todos nos deseamos feliz entrada y salida de año; yo desearía felicitaros más allá de cualquier tiempo. Y reflexionar junto a vosotros, mis queridos y anónimos lectores, que la felicidad nadie nos la puede dar, ya que es un tesoro que llevamos dentro y que hay que descubrir.
Viene a mi mente aquellas palabras del evangelista Mateo: «Es semejante el reino de los cielos a un tesoro escondido en un campo, que quien lo encuentra lo oculta y, lleno de alegría, va, vende cuanto tiene y compra aquel campo. "Es también semejante el reino de los cielos a un mercader que busca perlas preciosas, y hallando una de gran precio, va, vende todo cuanto tiene y la compra". (Mt 13,-44-46).
La felicidad hay que descubrirla, al igual que el amor, en la música callada del alma. Porque… “teniendo ojos no veis y teniendo oídos no oís” (Mc 8,18). El lenguaje del alma no se traduce con palabras, sino con amor. Por tanto, en este año que comienza quiero desearos amor hacia el prójimo, pues a veces, únicamente conocemos el amor hacia uno mismo, y eso, lejos de producir felicidad, es el manantial de donde brotan todos los males. El amor por uno mismo, es simplemente egoísmo. Ese es el que debemos crucificar en este año que comienza, para dejar que el yo auténtico emerja desde el interior.
Sí, ya sé que el refrán popular dice que: la caridad bien entendida empieza por uno mismo. Pero lo más cierto es que nadie se descubre por sí mismo, sino en el otro. De ahí que sean preciso dos o más para dejarse guiar por el mor: “Porque donde están dos o tres personas…allí estoy yo” (Mt 20). La gran paradoja de la vida es que la soledad no es un bien cristiano, y sin embargo, es en nuestro particular desierto donde hemos de vivir ésta feliz experiencia.
Cuando rezamos la oración del “Padre nuestro” pedimos “venga tu reino” (Mt 6,10). Todo el Evangelio trata de mostrarnos que el Reino o cielo prometido, ya está aquí, si trabajamos por él. En ello consiste la felicidad: en trabajar para que el amor llegue a todos los confines de la tierra, pues todos somos hijos de Dios al tener un Padre común: “Ya no esclavos, sino hermanos” (Palabras del Papa Francisco). El egoísmo que nos lleva a la esclavitud, ha de ser vencido por el amor que nos hace hermanos.
Paz y felicidad para todos en este año 2017, que junto al Niño de Belén, está a punto de nacer.