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El pasaje de los discípulos de Emaús, dada la cantidad de información que nos da el evangelista sobre el lugar donde ocurrieron los hechos, distancia a la que se encontraba de Jerusalén, recuerdo del nombre de uno de los discípulos, forma judaica en la que narra Lucas lo les sucedió etc., nos acerca con bastante verosimilitud a un hecho acontecido tras la muerte del Jesús histórico. Esto es así, porque la mayor parte del texto permite aplicar el criterio de coherencia de la exégesis actual.
Van por el camino hacia Jerusalén: los cristianos de las primeras comunidades se denominaban los del camino. El creyente auténtico siempre está en camino ¡pobre del que crea haber llegado! Dios siempre está en el horizonte de las posibilidades humanas. Los de Emaús, como nosotros hoy, discuten sobre la forma en la que entienden la religión. Discuten, pero Lucas, que dirige todo su evangelio hacia Jerusalén, avisa que, además, no ven: “sus ojos estaban retenidos” (Lc 24,16). Jesús, que es el Cristo resucitado, pregunta: “¿De qué discutís entre vosotros mientras vais andando? (Lc 24,17a). Ellos se sorprenden. La teología de Lucas expresa que los que tienen “retenidos los ojos”, ahora retienen el paso: “Ellos se pararon con aire entristecido” (Lc 24,17b) Dejan de caminar, los del camino se paran para explicar a Jesús “las cosas que han pasado” (Lc 24, 18s). La paradoja está servida: en religión, quien se para no puede ver las cosas que pasan.
Ayer y hoy, al margen del conocimiento que se tenga de religión, todo el mundo discute sobre ella. Posiblemente sea “una de esas cosas” (Lc 24,19) repite irónicamente Cristo, de las que más se hable y menos se sepa. Por esta razón se discute. Y cuanto mayor es la discusión, menor es el conocimiento que se tiene. Lucas debía estar harto de las opiniones contrarias que surgían en las primeras comunidades cristianas. Este texto viene a responder sobre lo inútil que es discutir sobre “estas cosas”, sintagma que vuelve a aparecer, por tercera vez, en el versículo 21: “Nosotros esperábamos que sería él, el que iba a librar a Israel; pero, con todas estas cosas, llevamos ya tres días desde que esto pasó”.
¿Cómo es posible que habiendo pasado “tres días” sigan los cristianos sin comprender? Tres, para un semita, era el tiempo necesario para confirmar la muerte de un ser humano. De ahí que aunque Jesús dijera al buen ladrón “hoy estarás conmigo en el reino de los cielos” (Lc 23, 43), fuera necesario esperar tres días. Lucas indica que ha pasado “este tiempo” para confirmar que había muerto: sólo entonces podía anunciarse la resurrección; sin embargo, los de su comunidad, aproximadamente 50 años después, seguían y seguimos discutiendo. Resaltamos la importancia lucana al repetir por tres veces, el sintagma “esas cosas”: la disyuntiva está servida: según el A.T. tres significa la muerte, según el N.T., al resucitar Jesús al tercer día, se ha transformado en vida. Ahora nos toca elegir: si seguimos discutiendo, tres es símbolo de muerte; si vivimos la resurrección “al tercer día”, tres es símbolo de vida.
Siguiendo la narración, Cristo (el que según ellos nada sabía de esas cosas), explica lo ocurrido con Jesús de Nazaret y que, además, ya estaba dicho en las Escrituras, aunque ni discípulos ni apóstoles habían comprendido. Los de Emaús siguen sin comprender. La situación es la misma que la actual. Han pasado “tres” días; Lucas, a través de su teología, revela que muchos cristianos no habían llegado a ver al Cristo, como mucho, se habían quedado, igual que los de Emaús, en una visión distorsionada de los hechos ¿Qué sucede con los que se dejan aprehender en el mister io revelado en el N.T. y ocurrido “tres días después”? Que cuando en la liturgia parten el pan, como Él lo hizo y se adentran en la vivencia de la Eucaristía, los de Emaús “ven” que quien les hablaba era Cristo, y en ese preciso instante, “desaparece” (Lc 24, 30s). Lucas narra que los discípulos, como hoy los de cualquier pueblo, han de seguir, interiormente, camino hacia Jerusalén “Y levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén” (Lc 24,33); es preciso llegar con Jesús hasta el lugar donde la muerte es vencida (los cristianos vivimos este misterio en el bautismo), para descubrir la vida (Eucaristía). Y siempre en la Eucaristía está Él. Él, aunque siga sin ser reconocido en el prójimo que vamos encontrando en nuestro caminar, si continuamos en el camino, y no paramos (la religiosidad que es vida, cuando se estanca, muere), seguirá apareciéndose. Puede que sigamos sin reconocerle porque, en lugar de vivir el amor al prójimo, continuemos discutiendo si el prójimo es merecedor de él; no obstante, la Eucaristía sigue siendo el refugio del caminante que no se paraliza en la búsqueda: Lucas expresa el cambio de los de Emaús cuando indica, “Levantándose al momento se volvieron a Jerusalén”. El semitismo bíblico “levantar”, en todos los textos desde el Génesis, significa volver a vivir, resucitar. Quienes se levantan, en la Eucaristía (Lc 24,30-32) “serán encontrados” por Cristo. Dejarse encontrar por la divinidad, no es igual que encontrarla; el creyente que recorre el camino pensando que con su esfuerzo va a alcanzar el infinito de Dios, cuando crea tocarlo, como Tomás, o entenderlo con los de Emaús “desaparecerá”. Cuando los de Emaús participan de la Eucaristía, reencuentran al Jesús de la historia y en él, al Cristo resucitado al tercer día. Lucas enseña a su comunidad que menos discutir y más vivir la experiencia de Cristo ¿Cómo? La respuesta, teniendo presente la teología lucana que hemos expuesto, a través de la simbología del “3”, la dividimos, asimismo, en tres fases: 1) Aprendiendo de los textos (Lc 24,27), 2) reencarnándolos en el devenir personal de cada creyente (Lc 24,26), 3) viviéndolos comunitariamente en la Eucaristía (Lc 24,30.35). Con palabras actuales: el camino no es distinto del caminante, ambos son uno, y en la vivencia eucarística, queda unificado con el resto de la creación . Con palabras de entonces: Todos en Cristo y Cristo en el Padre.
Y aquí y ahora, siguiendo el caminar del Papa Francisco de estos días, rezamos porque tanto en Cuba como en EEUU reencuentren la verdad. Unos (no todos), por su olvido y otros por su inmovilismo.