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El mundo bíblico tiene, como es sabido, su propio lenguaje. Lenguaje que, si bien es cierto que se ha ido traduciendo a cada etapa de la historia, no deja de tener sus propias reglas que conviene conocer. Una de ellas es la importancia que los pueblos semitas dan al valor simbólico, que no matemático, de los números.
Estos domingos pudimos escuchar en la eucaristía que a los cuarenta días de morir Jesús, fue elevado a los cielos y que diez días después el Espíritu Santo llegó sobre los apóstoles.
Dentro de la cábala semítica el número 40 (como bien recordarán nuestros amables lectores), significa toda una vida, al margen de los años que viva cada persona. El número diez viene representado por el 3 y por el 7. El tres representa a la divinidad, motivo por el que Jesús resucitó al ter cer día, aunque le oigamos decir en la cruz cuando se dirige al buen ladrón “Hoy estarás conmigo en el reino de los cielos”. Si usamos el tres matemáticamente hablando, es imposible que Jesús pudiera estar el mismo día de su muerte, en el reino de los cielos, si, de hecho, le faltaban tres días para resucitar. Dios siendo 1, se representa con el 3 (Padre, Hijo y Espíritu Santo)
Quien muere es el Hijo de Dios y por tanto viene representado por el número 3. El 7, sin embargo, representa a la humanidad. Todo lo que el ser humano debe hacer, se está realizando en el séptimo día de la creación. Si recuerda el lector de estas reflexiones ya hemos indicado que las realidades humanas tanto si son buenas como malas vienen simbólicamente expresadas en el siete (pecados) o en el siete (virtudes).
Por tanto la suma de 3 más 7 es lo que nos une a la divinidad. De ahí que los tres primeros mandamientos vayan dirigidos a Dios y los otros siete al ser humano.
Si en la vida (40) el comportamiento ha sido el adecuado (10), el Espíritu llegará (50). En estas semanas estamos celebrando en la liturgia los cuarenta días transcurridos después de la resurrección (Ascensión), para celebrar en la siguiente semana el día de Pentecostés (50=40+10).
Todo un mundo simbólico que hay que trascender, para intuir lo que se nos quiere expresar en estos días a través de los números, a saber: que Jesús vivió en cuanto hombre un número de años representados en la cifra 40. Que esos años fueron realizándose según el comportamiento querido por Dios, representado en el número 10 (mandamientos); por tanto, al llegar el día en el que pasó al más allá 40+10=50), el Espíritu (Pentecostés), le inundó y la vida al ser superior a la muerte triunfó para Él y para todos los que creen en su nombre.
Todos estos símbolos se están representado en nuestras vidas, aquí y ahora.