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Las cosas en cada momento, son como son, y ahora gracias a la física cuántica, sabemos que si no nos gustan podemos cambiarlas. La conciencia humana tiene ese poder. Jesús lo decía con otras palabras: “Yo os aseguro si tenéis fe como un grano de mostaza, diréis a esta montaña: desplázate de aquí allá, y se desplazará, y nada os será imposible” (Mt17, 20)

Por tanto podemos repetir la frase de “Hombres (y mujeres) de poca fe”. Hemos oído este domingo pasado en las lecturas de la Eucaristía, que quien no sigue los mandamientos de Jesús, simplemente es un mentiroso. No se puede decir más claro. AL pan, pan y…,

La pregunta que me surge en esta reflexión, con el anter ior aserto, es ¿Y cuáles son los mandamientos de Jesús? La respuesta no puede ser más sencilla. Él nos legó un solo mandamiento: “Un mandamiento nuevo os doy: que os améis los unos a los otros; que como yo os he amado, así también os améis los unos a los otros” (Jn 13,34).

La sociedad y estamentos religiosos de entonces, no comprendieron tan radical respuesta. Dudo que la comprendamos hoy. Jesús puso la dignidad del ser humano, por encima de todo. Incluido el día de Dios, y en él, cualquier institución por muy sacral que fuera para la sociedad.

Nada está por encima del hombre y de la mujer . Descubrir esta verdad, es el camino que nos descubre el Evangelio y nos lleva a Dios. La entrega total a la justicia del otro es el mandamiento que siguió Jesús hasta la muerte. La cúspide de la creación es el ser humano; en él, según las enseñanzas de Cristo, se revela Dios. Por tanto, nada ha de estar supeditado a la condición humana. Antes bien, todo lo contrario, la creación entera está a su servicio.

Y dando un paso más, y conforme acaba de descubrirnos la ciencia a través de la física cuántica, es que da la circunstancia que esa creación es la que ha creado nuestro mente. Somos el producto de lo que queremos ser. La conciencia tiene poder sobre la materia. Con razón repetía una y otra vez Jesús: Tu fe te ha salvado.

Si en nuestras manos está crear un mundo mejor y sabemos que ese mundo pasa por el mandamiento de amarnos mutuamente ¿Por qué hacemos lo contrario? ¿Quién nos aleja de la felicidad a la que hemos sido llamados? No busquemos culpables, el enemigo está dentro de nosotros. Si no amamos como Jesús amó, hasta la entrega total, no es posible alcanzar la meta a la que estamos llamados. El Evangelio nos ha recordado que si malo es mentir a otro, peor es mentirnos a nosotros mismos.

Y el que tenga oídos…