Blue Flower

Yo no sé si a Ud., mi querido y desconocido lector, le ha sucedido lo mismo que a mí. Por todas las direcciones están llegando mensajes en los que nos anuncian, cual ángel en Nazaret, que estas navidades son diferentes.

El motivo de esta diferencia es motivada por la pandemia que nos acecha tras la puerta de cada hogar. Esta es una verdad incuestionable, aunque existan personas que parecen no haberla comprendido.

Hasta aquí, nada que objetar; nuestros mayores siempre han dicho que al mal tiempo buena cara. Sin embargo, a mí, se me está torciendo el gesto con tanta confusión ¿Por qué? Me explico:

Los ilusionistas, siempre muestran al público una mano para que al ser observada por el espectador la otra pueda libremente realizar el truco.

La pandemia, que es tan real como la mano mostrada, comienza a darme la sensación que atrae nuestra mirada, mientras nos cuelan y ocultan otras intenciones que están invadiendo y confundiendo a nuestra sociedad.

Hemos hecho mención a la forzada diferencia de estas navidades, y es a partir de asumir esta diferencia cuando nos hacen el truco que pasa inadvertido ante nuestra presencia.

¿Navidades diferentes? ¡Y tanto!, yo para ver la Navidad tuve que asistir por TV a la misa del gallo. Fue el único momento en el que, cristianamente hablando, pude vivirla.

Entre tanto qué ha sucedido y está sucediendo en estos días? Que tratan de que olvidemos el origen cristiano de estas fiestas. Ya no es el obispo San Nicolás de Mira, posteriormente San Nicolás de Bari, del siglo IV, ahora, dependiendo del lugar y la historia, se le llama, simplemente, San Nicolás, Viejito Pascuero (por aquello de confundir la Pascua con la Navidad). Santa Claus, Santa, o Papa Noel.

Todos estos distintos cambios han olvidado, no ya el nacimiento de Jesús, sino la figura cristiana del obispo Nicolás. ¿Qué ha sucedido entre tanto? Parece ser que hasta la vestimenta del obispo, ha sido transformada en su día por la coca cola: en el siglo pasado se cambió la vestimenta verde por la roja, diseñada, según las crónicas, por un creativo de la Coca Cola Company para que recordara los colores de la bebida de aquel entonces.

Todo es fiesta, pero no navideña, hasta las luces que iluminan nuestras ciudades, dejan en la oscuridad el origen de aquel singular nacimiento que eleva a la humanidad hacia una hermandad que algunos tratan de borrar de la historia.

El árbol de Navidad, símbolo del dios sol y de la fertilidad, oculta con su sombra el humilde nacimiento de aquel eterno niño que quiere nacer en cada uno de nosotros y que se esconde tras la perennidad de las hojas del abeto.

Aquí, en España, la originalidad nos lleva a crear un nuevo personaje para nuestros belenes: el caganer, esperando que defeque dulces y regalos. ¡Viva la tradición! Los regalos de los Magos de Oriente: oro, incienso y mirra se han convertido en la defecación del caganer.

Posiblemente, de seguir así, en un próximo futuro tendremos que explicar los símbolos de nuestra tradición a las generaciones venideras. Y ya se sabe, cuando un símbolo necesita ser explicado, es porque ya ha perdido su valor.

Creo que éste, y no otro, es el motivo de los que pretenden confundirnos.

Feliz Navidad (que no Pascua), a todos los humanos de buena voluntad y prosperidad para el año que está a punto de nacer. Asimismo, hemos de parir, junto a María, al niño que todos llevamos dentro, para que viva la experiencia de un 2021 que hemos de crear en la nueva humanidad que está naciendo.

NOTA

El milagro de esta universal hermandad hemos podido observarla, en un año de tanto sufrimiento, en el actuar del mundo científico a la búsqueda de la vacuna. Creo que jamás los Magos trajeron mejor regalo.