Blue Flower

 

En aquel tiempo, que es éste, corrió de boca en boca esta historia: «Un hombre rico tuvo una gran cosecha. Y empezó a echar cálculos: "¿Qué haré? No tengo donde almacenar la cosecha." Y se dijo: "Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el grano y el resto de mi cosecha. Y entonces me diré a mí mismo: Hombre, tienes bienes acumulados para muchos años; túmbate, come, bebe y date buena vida." Pero Dios le dijo: "Necio, esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado, ¿de quién será?" Así será el que amasa riquezas para sí y no es rico ante Dios.» (Lc 12, 16-21).

Todos vivimos pensando en el mañana, sin caer en la cuenta, que tarde o temprano a todos no llegará el día en el que el mañana no exista… el mañana pertenece al tiempo y en el más allá solo hay presente, no tiempo.

A decir verdad, que decía mi abuela, todos menos la clase política, a ellos solo les interesa el “presente”. Algo tan importante para el mundo de las religiones (vivir el presente), lo han desnaturalizado de tal manera, que ellos (los políticos), viven el presente para perpetuarse en el tiempo, mientras en el mundo religioso (paradoja), se vive el presente para entrar en el no tiempo o eternidad.

Cierto es que el que no siembra, no cosecha, pero no es menos cierto que cuando creíamos que el estado del bien-estar nos permitía dejar atrás etapas sombrías de la sociedad, llega el COVID y… la parábola antes citada y contada hace veintiún siglos, se hace plenamente actual.

Aquel hombre pensaba bien, era previsor, pero olvidaba que en todo orden hay que dejar un espacio para el caos. Lo imprevisible camina junto a lo previsible. El futuro se trabaja en cada presente, pero no estamos seguros de poder vivirlo.

Los políticos, al menos una parte de los nuestros, viven a espaldas del proceder de los demás. He de puntualizar que no viven el presente, viven su presente, y se olvidan que ese presente depende de todos nosotros. Viven dándose la buena vida (como el hombre de la parábola), y al no ser ricos para el prójimo, es decir, para los votantes, se hacen pobres para Dios.

Y con esto no pretendo decir que no tienen derecho a ser ricos. Todos deseamos ser ricos, pero no a costa de la pobreza de los demás, sino gracias a al esfuerzo, ingenio y creatividad. Esfuerzo que en algunos se le supone, ingenio que no han heredado de nuestro Don Quijote, por muy españoles que, con perdón, sean y creatividad que parece ser nula, ya que a cada paso que dan se desdicen del paso que han dado anteriormente.

En definitiva, que a todos nos viene bien aplicarnos la parábola, pero a unos más que a otros, sobre todo cuando se tiene un cargo público.

Y el que esté libre de culpa…