Blue Flower

Nuestra tradición nos recuerda una de las grandes y graves pandemias sufridas en la antigüedad en la zona más rica y culta de aquellos tiempos: Egipto.

Al margen de la visión y trascripción que ha llegado hasta nuestros días a través de la Biblia, cierto es, que la muerte se adueñó de aquellas gentes y la hambruna fue tan grande que los judíos esclavos de sus señores, fueron dejados en libertad y pudieron salir de Egipto al no poder ser dirigidos y alimentados por los responsables egipcios.

Allí, la única vacuna posible, era la oración a su dios, encarnado en el Faraón, resguardándose de aquellas plagas que se sucedían unas a otras, al no haber  sabido detener a la primera, y que llegó a invadir la casa del Faraón, causando la muerte de su hijo.

Aquí, hasta el momento, tampoco hemos sabido detener a la primera, y el único remedio posible para evitar el contagio, es resguardarnos del virus, mientras no podamos contenerlo. El político de turno, cual faraón, ha mirado hacia atrás, dejando que salieran de este mundo miles de los nuevos esclavos: aquellos, por haber nacido en otros lugares, éstos, por haber nacido antes de tiempo.

Desde entonces hemos avanzado mucho, pero poco, al pensar lo que avanzará la humanidad en las próximas décadas a través del descubrimiento de la física cuántica. Seguro que en próxima décadas se juzgará a esta generación por avatares como los actuales.

En aquellos tiempos, que son estos, pasada la epidemia, el faraón, escuchando el clamor de su pueblo, tuvo que tratar de ir en busca de los esclavos libertados. Moisés hizo imposible la captura.

Ahora, el político de turno, ante el clamor de la sociedad, trata de buscar responsables, pero al igual que entonces, Dios ha resguardado a todos los que han llegado a la tierra prometida ¡Imposible su retorno!

¿Acaso cambiando las estadísticas?

Ahora se rumorea que los primeros vacunados serán los pertenecientes a la colectividad de los ajusticiados (¿?). José, el hijo de Jacob, perteneciendo al pueblo esclavo, llegó a ser faraón.

Las elecciones llegarán, y el colectivo que atraviesa el nuevo desierto bíblico, podrá ser escuchado, como Israel, en virtud de la papeleta que deposite en la urna de la libertad. Aunque, en honor a la verdad, no sé si otros hubieran sabido hacerlo mejor.

En este mismo lugar hemos afirmado que la historia es una sucesión de sucesos que suceden sucesivamente. Díganme, si salvando las distancias, no es así.

Antes desde la altura (rayo, trueno, relámpago) hablaba la trascendencia y sus palabras eran grabadas en la piedra. Ahora, desde la altura que da el poder, habla el político de turno y deja constancia de sus palabras en el Boletín Oficial del Estado.

Llegó un momento en la historia de nuestras tradiciones, que el profetismo, al no ver cumplidas sus profecías (Jonás), dio paso a la escatología (Daniel), que exigía un estudio de todo el pasado para comprender el presente, y prever el futuro.

¿Seremos, al menos, capaces de hacer lo mismo? ¿Sabremos analizar nuestra historia para no repetir los errores del presente? Errores que llegan a negar (para algunos), la pandemia como ayer se negaba (para otros), la llegada a la luna. (La madre de Bosé verá desde las alturas a su hijo, cual ángel caído).

Nos están manipulando, dicen los manifestantes, pretendiendo manipularnos..

Y no echemos la culpa al faraón, pues en aquellos tiempos no había elecciones.

Los muchos y distintos dioses del panteón, se han convertido en las distintas enfermedades de la pandemia. Hoy, al único Dios que rezamos es al que nos ofrece, por amor, el pan nuestro de la justicia. Ni queremos otro pan, ni deseamos pertenecer a la pandilla de los nuevos dioses que sólo busca llenar su panza y negar la existencia de Dios.

Y, como decían nuestros mayores, el que se pique, ajos come.