Blue Flower

Las gargantas que gritan el sentimiento de la Semana Santa están mudas por el dolor: las saetas vuelan silenciosas por el corazón del penitente, que al margen de sus particulares creencias hoy se siente, nos sentimos, más unidos (noche tas noche aplaudimos esta renovada hermandad).
He leído o visto en algún medio que este año no habrá Semana Santa, no es así, en todos los años de mi existencia, he de confesar que jamás una Semana Santa ha sido tan cruelmente penitencial.
Parece ser que hasta el tiempo va a acompañar a las calles ausentes de las imágenes del Cristo yacente y la Virgen Dolorosa. El cielo va a llorar por tanta lágrima seca en recuerdo de los que nos han dejado o de los que están a punto de hacerlo.
Cristo muere junto a los familiares, amigos y vecinos difuntos, que no precisan del turismo que por estas fechas invade el suelo español, porque sus fantasmales procesiones de féretros recorren las calles del mundo entero.
No habrá Virgen de las Angustias en nuestras plazas, pero ello es debido a que se ha refugiado en nuestros hogares. Aquí y ahora el dolor de la Semana Santa se ha universalizado.
A nosotros nos queda el consuelo de la esperanza, el consuelo de saber que tras tanta muerte siempre hay una resurrección. La resurrección de ver que la oscuridad y negrura de tanto luto, se está convirtiendo en el blanco de nuestros sanitarios que, como nueva encarnación del Cristo doliente, siguen dando la vida para salvarnos. La entrega de nuestro ejército: fuerzas armadas… de amor que recorren España ayudando, como el cirineo, para que la cruz sea más llevadera. Y la de tanta y tanta buena gente que nos ayudan desde el silencio de los tambores que solo redoblan en el alma de los agradecidos que estamos silentes y encerrados en nuestros hogares, como el sepulcro ante la roca que ha de rodar en tiempos que parecen más cercanos hoy que ayer.
¿Quién es el culpable de tanto dolor? ¿Judas, Caifás, Pilatos, El Sanedrín, ellos, nosotros? A tanto nombre del pasado le hemos puesto un apodo en el presente: Ya no es la corona de espinas, ahora es la del corona-virus la que anuncia la crucifixión de nuestros futuros. La muerte, como cada Semana Santa pretende enseñorearse de la vida, pero para nosotros no hay más que un Señor: Cristo que aunque muerto, resucitó y sigue resucitando a todos los que nos están dejando.
Semana Santa versus coronavirus.