Blue Flower

Cuando lo oí por primera vez pensé que lo había entendido mal. Cuando lo oí por segunda vez tuve la sensación de que mi mente me estaba jugando una mala pasada. Pero he seguido escuchando esta noticia en otras reiteradas ocasiones y ahora no me cabe la menor duda: la ciencia ficción de ayer se ha convertido en la realidad de hoy.
Lo que más me extraña es que hasta este momento ninguna voz de nuestra sociedad ha respondido ante semejante, según mi humilde opinión, insensatez.
Si hasta este momento, Vd. querido lector no sabe de qué hablo, es, posiblemente, porque de alguna forma la noticia le ha pasado desapercibida.
La noticia a la que me estoy refiriendo la podemos escuchar constantemente en los medios televisivos: si Vd., querido lector, enferma, será atendido en los centros hospitalarios siempre que tenga más posibilidad de supervivencia. Es decir, que si va a un hospital y tiene la mala suerte de que un joven necesita la UVI y Vd. tiene 70 años, dado que el joven tiene más posibilidad de vivir, será atendido prioritariamente.
En la época de mis mayores era a la inversa, quien necesitaba más cuidados era aquel que estaba en mayor peligro. Por esta razón no mandaban a la guerra a los mayores, sino a los jóvenes.
Ahora la caridad bien entendida comienza por aquel que menos problemas nos dé. La elección de la vida y la muerte la quitamos de las manos de Dios y la dejamos en las nuestras.
¿No sería más lógico intentar, por ejemplo, antes de realizar tamaña solución, situar en los hoteles que no van a poder recibir clientes según la nueva normativa del coronavirus, UVIS, tantas como sean necesarias? ¿Siendo exportadores de hospitales de campaña, no podemos ampliar las camas situando estos hospitales junto a los existentes? ¿No podemos, como en tiempos de guerra, requisar temporalmente industrias para que se dediquen a fabricar los bienes que estamos demandando en la actualidad?
La Iglesia (pertenezco a ella), que tanto se preocupa por el cuidado del neonato ¿no debería cuidar con más fuerza a los ya nacidos, especialmente si son los más vulnerables? Aquí no se trata de seleccionar sexo o actitudes, según la obra de Aldous Huxley “Un mundo feliz”, se trata de algo peor, se trata de seleccionar quién debe morir y quién no.Por eso necesito oír la voz de mi Iglesia.
Sé que mi voz se perderá y apenas será escuchada, pero si no digo nada me sentiré peor de lo que estoy. Jamás pude imaginar semejante medida ante una pandemia. Cualquier solución es más humana que la tomada por nuestras autoridades sanitarias (mientras escribo estas líneas, parece que comienzan a tomar otras soluciones.
Y como no quiero ser un antihéroe, hago lo que me permiten: pensar, aplaudir a los que entregan su vida por salvar las nuestras, quedarme en casa y pedir a Dios que no me tengan que ingresar estos días en un hospital. Y cómo no, agradecer a fuerzas armadas, policía, sanitarios y tantos otros que están dando lo mejor de sí, transportistas, dependientes y al propio gobierno, que aunque tarde, parece que ya sabe para qué sirve nuestro ejército (más vale tarde que nunca).