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¿Cómo no preocuparnos del mañana si estamos constantemente en período electoral? ¿Cómo entender este consejo evangélico con la que está cayendo?
Ciertamente que el texto que nos ocupa diera la impresión que lo mejor para el ser humano es vivir sin preocupación alguna; con palabras de la sabiduría popular “tumbarse a la bartola” o “aquí me las den todas”. Nada más lejos de la realidad ¿Por qué? Porque lo que reclama esta lectura de Mateo es vivir cada instante como si el tiempo no existiera, porque de hecho para el evangelista “el Reino de Dios ha llegado” (4,17b). Marcos, había hecho explícita esta verdad indicando en su evangelio que “el tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca” (Mc 1,15). El interrogante que hemos de formularnos para aprehender el mensaje implícito en estas lecturas es si para nosotros el tiempo se ha cumplido o no. Mateo se sitúa en la vivencia del tiempo cumplido, donde el Reino ha llegado; Marcos se sitúa en el principio del final del tiempo donde el Reino está cerca. Ahora bien, tanto una como otra opción, coloca al creyente en la esfera del “no tiempo”, o “plenitud de los tiempos”.
Pablo avisa a los de Corinto que, incluso, no deben juzgar nada hasta que venga el Señor (1 Cor 4,5.). Esta experiencia del “no tiempo” implica vivir cada instante (de hecho es lo único que tenemos), con total novedad (Evangelio). Desde esta virginal novedad, el pasado tampoco existe pues es muerte y por tanto hay que dejarlo en la cruz (en ello consiste estar dispuesto a perder la vida para ganarla). Quien vive del pasado, incluso psicológicamente hablando, vive la muerte (tiempo). Hay que crucificarlo, es decir, perder lo que creemos que es vida, para estar abiertos al “presente” (“regalo” de Dios), que es lo único que verdaderamente poseemos. Desde esta radical experiencia del “no tiempo” hay que escuchar cada instante, y descubrir, “admirar” la belleza que nos rodea y que Mateo nos recrea (6,24-30), al recordar uno de los tantos presentes (regalos) del Creador: aves, lirios, campo, hierba, etc. pues es, ¡siempre es! (Yahvé, el que Es), en este instante donde Cristo nos sigue hablando.
En definitiva: quien vive cada instante, experimenta el no tiempo y por tanto, la “despreocupación” del mañana: vive la novedad del Evangelio donde todo es radicalmente nuevo; quien vive del pasado se preocupa por el futuro y se olvida de lo que realmente hay que trabajar, el presente, donde cada día tiene su propio afán, y en el que hay trabajar lo que está por-venir. Ahora nosotros tenemos que elegir…
Desde esta perspectiva del presente, del aquí y ahora ¿podemos decir que “aquí me las den todas” y dejar que los políticos nos fastidien el día a día? Pues ahora, y no mañana, pensemos lo que debemos votar.