Blue Flower

Una breve reflexión sobre el término contento. Lo que inmediatamente evoca nuestro cerebro al pensar en este vocablo es alegría, júbilo, satisfacción. Pero, ¿por qué? ¿De dónde viene tanta felicidad?

Observando la etimología de esta palabra, contento viene del latín «contentus», que es el participio pasivo de «continēre» que significa contener.

De ahí que contento expresa contenido. Quien tiene contenido, está contento. Y no hay nada que tenga mayor contenido que el amor: el camino del amor no tiene fin.

Nadie ha llegado a amar en plenitud, dado que somos seres limitados y en nuestra finitud no cabe lo eternamente pleno.

Los hombres de fe (la fe es universal, gracias a ella todo hombre puede creer), caminan hacia esa plenitud a la que nunca pueden llegar en nuestro mundo finito. El camino es el que nos hace caminantes de algo no alcanzado (los cristianos en los primeros siglos de nuestra era, se les llamaba “los del camino”). Cuanto mayor sea el recorrido, mayor contenido, y a mayor contenido, mayor contento.

Desde esta perspectiva lexical, y sin necesidad de acudir al lenguaje teológico, podemos reclamar la alegría que debe experimentar todo creyente, y ello al margen de la religión en la que exprese su creencia.

Un creyente triste es un triste creyente, pues si su religión da contenido y sentido a su vida ha de estar forzosamente contento.

Lo contrario es pura y fanática ignorancia.

Cree en el amor quien está enamorado de todo cuanto le rodea. Y en esa plenitud que intuye, llena constantemente de contenido su vida. Contenido que se expresa en la necesidad de aprender de todos y de todo. De contener en la mente y el corazón la sabiduría del mundo que nos rodea. De un mundo que es transparencia de algo superior al que llamamos Dios y que expresamos amando.

Imposible siendo creyente no esta r contento.

Pues ¡diantre!, a ver si somos capaces de demostrarlo.

60, 69 ¡Bingo! No, no es un juego… pero lo parece, y hay que tomárselo a broma para no morir en el intento al pretender entenderlo. Me explico:

AstraZeneca. Y no hablo en el idioma de los aztecas, simplemente es que la vacuna inglesa tiene este nombre. Asimismo, me refiero a este idioma, por esta sencilla razón: no lo entiendo absolutamente nada. Eso es lo que me sucede con la AstraZeneca.

Yo no sé si Ud., querido lector, podrá traducirme lo que se escribe sobre esta vacuna.

Ayer, nos decían que se la iban a poner, exclusivamente, a los de menos de 60 años, debido a que no se habían hecho las pruebas necesarias con los mayores de esta edad. Hasta aquí, hablando en cristiano (aunque sólo sea porque soy teólogo), todo comprensible, dado que si no se habían realizado las oportunas pruebas con las personas de este tramo de edad, lo prudente era no inyectarles dosis alguna.

¿Pero qué es lo que sucede hoy? Pues, simplemente, que donde dije, digo y donde digo, Diego. Y sin previo estudio, comienzan a poner la vacuna a los mayores de 60 años hasta los 69, y prohíben ponerla a los menores de 60 años. Justo todo lo contrario de ayer.

Si preguntamos el porqué, nos responden que la experiencia, tras haberle puesto la AstraZeneca a millones de ciudadanos europeos, han observado que puede darse la circunstancia, que en los menores de 60 años, se produzcan trombos. Trombos que no se producen en los mayores de 60 años.

¿Cómo saben que no hay trombos en mayores de 60 años si no se han hecho las pruebas a los de esta edad? ¿Se admite como prueba el tiempo que lleva Inglaterra dando la AstraZeneca a todas las edades y sus nulas consecuencias? ¿Cómo saber que no hay consecuencias si en la tercera edad, que se sepa, no se ha observado, las causas de la muerte?

Ya sé que el beneficio de cualquiera de las vacunas aprobadas es mayor que el de sus contraindicaciones, pero los cambios a los que estamos sometidos todos los días están provocando tal desinformación, que, de hecho, se están presentando en Madrid la mitad de los convocados para vacunarse. Y esto es lo peor que nos puede suceder, que además de no creer en los políticos, comencemos a poner en duda la capacidad de nuestros científicos.

Y por si fuera poco, ahora empieza a ocurrir lo mismo con la vacuna Janssen. Si hicieran lo mismo con todos los medicamentos cuando salen al mercado, a estas alturas la población de la humanidad estaría bajo mínimos. ¿Acaso, estimado lector, no lee el prospecto de sus medicamentos? ¿Por qué no ha hecho lo mismo con las vacunas?

Aquí hay gato encerrado. Igual que lo hubo con las mascarillas, ahora le toca a las vacunas; mañana, Dios dirá.

Y el que tenga oídos para oír…

 

 

En aquellos tiempos, tenía no más de 14 años cuando fuimos los del Hogar del Empleado a vivir la Semana Santa a un pueblo de la sierra cuyo nombre no recuerdo. Llovía a mares; no pudimos celebrar la procesión, con el tiempo que nos había llevado prepararla.

Los sacerdotes y monitores que iban con nosotros, para entretenernos, nos animaron a escribí un verso sobre la Semana Santa, que tenía un premio para el ganador. Yo escribí el siguiente:

El cielo inspira tristeza

y el sol oculta su canto,

¿Primavera: estás inquieta

porque es semana de llanto?

Gané el premio: un bote de melocotón en almíbar... y una de las mejores experiencias de la Semana Santa que recuerdo.

Desde entonces sé que nada puede impedir vivir estos días recordando el misterio, al margen de las circunstancias (Corona virus). A veces es el folklore el que impide tomar conciencia de lo sucedido (que sigue sucediendo), en la historia del ser humano: nacer a una nueva verdad.

Somos algo más que carne. Carne necesaria en un universo material ¿Pero, qué sucede si existe otro universo inmaterial? Nuestro principio es la luz. Hágase la luz… Todo comenzó con los fotones en movimiento. La resurrección, liberada la carne, siempre ha sido luz, resplandor, blancura tan deslumbrante que las mujeres al verla huyen de espanto; el aspecto de la resurrección es como de un relámpago. Cada evangelista trata de expresar lo inexpresable, pero todos coinciden en que tras la puerta del misterio, la vida continúa.

La energía que ha hecho posible lo material, continúa de forma inmaterial. Hay un más allá que está en el más acá, siguiendo la teoría de la física cuántica.

Quizás alguien se pregunte ¿Qué tiene que ver esto con el bote de melocotón?

Todo en la vida es experiencia, aquel bote que compartí con mis compañeros, me abrió la puerta del misterio: Parece absurdo, quizá lo sea, pero al saborear el melocotón y tragar su carne, quedó en mis papilas gustativas el auténtico sabor de aquella sabrosa carne, el motivo de su materialidad. La carne ya no esta ba, pero su esencia, sí.

Desde entonces busco mi propia esencia haciéndola crecer para que no desaparezca cuando mi materia ya no esté aquí. Ese fue el inicio de mi vivencia de la resurrección.

En el trascurso de mi larga vida sigo teniendo otras muchas intuiciones de este misterio, pero tenemos que hacernos niños (virginalmente hablado), para verlo.

En cualquier caso, siempre, la procesión va por dentro.

Reconozco que, comercialmente hablando, fue un acierto de los grandes almacenes, celebrar un día (otro más), que les permita tener un número mayor de ventas: El día del padre.

Al margen de este acierto, siempre hemos dicho que cuando dedicamos un día a alguien, suele ser porque la sociedad no le ha tratado como se merecía. Personalmente preferiría un solo día: el de los padres.

Tras esta breve puntualización, hemos de dar gracias al Papa Francisco, por la devoción que tiene a San José; parece ser que en su mesilla de noche tiene su figura, debido a la devoción que siempre le ha profesado.

Gracias al Papa, estamos viviendo un año dedicado a la memoria del padre putativo de Jesús, Y que me perdone el lector, pero a mí este calificativo me suena mal. Prefiero decir con María, cuando el niño, que se les había perdido, apareció: “Hijo, ¿Por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando.” (Lc 3, 48). Q, asimismo, cuando dicen: “No es éste el hijo de José?” (4, 22b). Los otros sinópticos dicen, el hijo del carpintero, o, simplemente, el carpintero.

Cristo, con San Juan, nos reveló que todos hemos nacido de lo alto, y no de la carne. (Jn 1, 12s). La filiación del Evangelio, ha de trascender lo obvio, quien no la trasciende se queda en el Antiguo Testa mento, y ya sabemos que el hombre más grande nacido de mujer fue el Bautista (Lc 7,28). Los demás, como el primogénito de la nueva creación, Jesús, llamado el Cristo, hemos de trascender tanto al padre, como a la madre, pues no nacemos tampoco de mujer, sino de Dios.

Así son las cosas.

Y el que tenga oídos…

Cuando comenzaron las vacunaciones, todos los días y en todas las televisiones nos mostraron cientos de pinchazos en los brazos de aquellos primeros agraciados. Eran tantas las muestras diarias de pinchazos que creí entender, debido a la escasez de vacunas, que nos mostraban estas imágenes, para hacernos ver que eran muchos los vacunados. Igual que al principio de la pandemia con las mascarillas, que nos decía que no eran necesarias, simplemente porque no teníamos mascarillas.

El tiempo va pasando y aunque las dosis de vacunas van entrando en España, las imágenes de pinchazos televisivos, van en aumento ¿Por qué? Dudo que el motivo sea el expuesto, aunque, ciertamente, antes siempre se mostraba aL mismo grupo recibiendo la vacuna (mayores en residencias), mientras que ahora tratan de mostrarnos a muy diversos colectivos (mayores, bomberos, enfermeras, médicos, etc.).

Al ver el otro día a Victoria Vera, emulando a tan dignos representantes del pueblo español, como el incomparable Miguel Bosé, he sentido vergüenza ajena, aunque meditando bien el decir de estas y otras muchas personas, he querido comprender esta actitud tan disparatada

Y la respuesta se llama tripanofobia, -del griego trypanon (taladro) y phobos (miedo)- miedo patológico causado por un contacto, vista, etc., a las agujas u objetos que puedan cortar o pinchar.

Por fin mi mente se ha aclarado ¿qué no hay vacunas suficientes? Pues nada, todos los telediarios de este país mostrando pinchazos van y pinchazos vienen, para que los que padezcan esta fobia estallen y transmitan el miedo a los demás. Y cuanto más famosillo sea, mejor, más miedosos se apuntarán a estas manifesta ciones.

Entre tanto, a ver si por fin nos llegan vacunas para todos.

Pues eso.